“El que calla otorga”, es un manido refrán popular que tiene su origen en el derecho romano y que viene a confirmar la regla que ante cualquier acusación, afirmación o aseveración sin ningún tipo de respuesta, se presume que aceptas o consientes en la misma. La ausencia de toda respuesta, el silencio, se castiga con la aceptación tácita de los hechos aducidos de contrario. Por eso, en el ámbito del derecho, ante la invocación de un hecho afirmativo de una de las partes, es recomendable alegar expresamente otros hechos que impidan que aquel hecho produzca sus efectos, bajo pena de tenerse por consentidos.
Como muchas personas, igual que con muchos de los testigos que uno puede proponer en un juicio, se habla demasiado, a veces tanto, que tu propio testigo puede convertirse en el enemigo más implacable que uno pueda tener en un pleito. Pero más allá del derecho, el silencio puede ser la mejor estrategia o la única cuando de lo que se trata es de intercambiar información, en una negociación o de un simple diálogo con cualquier otra persona. Sobre todo cuando no tengas nada que decir, lo que tengas que decir no aporte ningún tipo de valor o no te aporte ninguna utilidad. Hay muchas personas que hacen aquello de que hablan por hablar, porque no saben o no quieren estar callados o simplemente porque necesitan no estar callados.
Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo (Ludwig Van Beethoven)
El silencio, muchas veces es la mejor de las respuestas que se pueden dar, cuando uno no tiene nada que decir. O porque lo que se tenga que decir no aporte valor, no sume. Menos es más, lo breve y bueno es doblemente bueno y si puedes usar dos palabras para qué usar tres. La ley de palabra es implacable porque una vez verbalizada ya no hay vuelta atrás. Hay un proverbio chino que dice que “Hay tres cosas que nunca vuelven atrás: la palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida”.
Muchas personas no reconocen el poder del silencio y necesitan hablar de cualquier cosa, de cualquier tema o noticia o usan cualquier pretexto porque no soportan estar en silencio. Necesitan ruido, cháchara continua, porque se resisten a quedarse a solas con el silencio. Piensan que hablar es la mejor defensa y el mejor ataque, o que así parecen más integrados en el grupo o porque así se sienten más acompañados. Y el silencio, muchas veces es el mejor argumento, la mejor carta de presentación que puedes ofrecer o el acceso más directo al propio potencial. Como dice el aforismo popular “Dios nos dio dos orejas y una boca para que escucháramos el doble de lo que hablamos”.
Uno de los escenarios en los que se ve muy claro que es necesario guardar silencio, o darte unas décimas de segundo antes de romperlo, es cuando estás en medio de una situación incómoda, desagradable o con una persona que amenaza tu paz. Ante este tipo de escenarios, las personas más locuaces, en lugar de responder, reaccionan. Quiero decir, que saltan compulsivamente, desde las vísceras y sin pensarlo sueltan lo primero que les pasa por la cabeza.
Este tipo de reacciones, también frecuentes en el ámbito judicial, traen consecuencia de una falta de control, de un arrebato incontenible y de una pulsión emocional descontrolada que acaba con un destrozo. Estas personas son reactivas, esclavas de su incontrolado estado emocional. Y reaccionar impulsivamente no es lo mismo que responder. Responder es algo que se hace conscientemente, deliberadamente y fruto de una elección, después de unas décimas de segundo de un buscado silencio.
Si quieres ser sabio aprende a interrogar razonablemente, a escuchar con atención, a responder serenamente y a callar cuando no tengas nada que decir (Johann Kaspar Lavater)
Pero la mayoría de las veces responder con el silencio o buscar deliberadamente el silencio tiene enormes ventajas y beneficios. Decía Confucio que “El silencio es el único amigo que jamás te traiciona”. El silencio es mucho más útil de lo que mucha gente piensa porque es en el silencio, donde está el poder para buscar la transformación y crecimiento personal más genuino. Pasar tiempo solo y en silencio, es una forma de conectar con el propio poder. Pero para eso hay que estar dispuesto a abrazar el silencio, lo que en una sociedad del ruido es todo un desafío.
Traigo aquí un estudio del que se hace eco el autor del libro “El tao de Bowie”. El autor explica un trabajo de investigación llevado a cabo por la Universidad de Virginia sobre el silencio. Se hizo un experimento que consistía en que los participantes tenían que sentarse en una habitación casi sin amueblar durante quince minutos y sólo tenían que guardar silencio y pensar. Por supuesto, no tenían nada con lo que distraerse, ni móviles, ni cuadernos, ni bolígrafos, ni ordenadores. Nada. Los participantes debían quedarse solos durante 15 minutos y se les pedía que no hicieran nada salvo pensar. Sin embargo, se les ofrecía una alternativa: si lo deseaban, podían pulsar un botón y recibir una dolorosa descarga eléctrica.
Hay que aclarar que las personas que se sometieron al experimento no eran de las que disfrutaban con el dolor. De hecho, todas ellas habían declarado previamente que estarían dispuestas a pagar para evitar que les dieran una descarga eléctrica. Sin embargo, en lugar de permanecer en silencio con sus pensamientos, el 67 por ciento de los hombres y el 25 por ciento de las mujeres prefirieron autoinfligirse esa descarga eléctrica antes de someterse al silencio únicamente acompañados de sus pensamientos.
Toda la infelicidad del ser humano deriva de una misma fuente; no ser capaz de estar sentado tranquilamente, a solas y en silencio, en una habitación (Blaise Pascal)
El silencio, como decía, tiene enormes beneficios. Además de los que apuntaré a continuación, el silencio es la mejor manera de conocerse a uno mismo. A mi modo de ver, practicar y guardar silencio es fuente de autoconocimiento y una manera eficaz de potenciar el crecimiento personal.
Algunos de las ventajas de guardar silencio:
1º Sólo habla cuando sea necesario y útil. Hablar de cosas estériles, aburridas y superfluas te convierten en una persona con poca profundidad y de poco valor. Puede que todo ese anodino diálogo pueda resultar entretenido para los demás, pero empequeñece a los más charlatanes.
2º Guardar silencio y escuchar te ayuda a leer y aprender de los demás. Dejar espacio para que los demás hablen, te ayuda a aprender de los demás, a detectar sus contradicciones, a observar el lenguaje corporal y a afinar tu intuición. Abres tu mente a un nuevo conocimiento, cuando aprendes los argumentos, puntos de vista, paradigmas o los escenarios desde donde los demás apuntalan sus razonamientos.
3º En algunos debates o negociaciones, el silencio puede tener un gran impacto como herramienta de poder y persuasión. A veces es necesario no revelar ni posicionarte en determinada situación o conflicto. La espera da ventaja al que sabe esperar pacientemente.
4º Sólo revela la información necesaria. No hace falta explicar todo de una situación o problema. Ceñirse a dar la información justa, útil y precisa, sin necesidad de dar información adicional o extra que no es atinente a ese asunto. Dar lo que se pide, es suficiente. Reservar la información que no aplica al caso, es una manera de evitar que alguien pueda acabar por tergiversarla. En un juicio, suele aconsejarse a los testigos que respondan a lo que se les pregunta pero sin necesidad de dar más detalles de los necesarios, ya que aquello que se dice de más puede ser usado en tu contra.
5º Guardar silencio hace que dispongas de más tiempo para prestar más atención y foco en aquello que los demás tienen que decir. Tendrás la ventaja de una cierta pausa, del tiempo de respuesta. Los demás interlocutores valorarán positivamente que estés atento a sus peticiones o explicaciones, y también que te tomes unos segundos o un tiempo para responder.
6º Tendrás menos posibilidades de equivocarte. El silencio o la pausa te da ventaja para dar una respuesta más elaborada, eliminando la posibilidad de equivocarte o “meter la pata”. Y si no sabes de un tema, lo mejor es guardar silencio. Muchos hablan para ocultar su falta de confianza o inseguridad, para no parecer ignorantes. Como decía Aristóteles “los sabios hablan cuando tienen algo que decir; los necios hablan porque tienen que decir algo”.
7º El silencio infunde cierto autocontrol. Quien sabe controlar en todo momento lo que dice sugiere tener control de sus emociones y reacciones. Así tomas decisiones más informadas. Quien cuida sus palabras cuida también su paz mental porque quien domina su lengua domina su mente.
El silencio no es ausencia de ruido sino serenidad de espíritu. El silencio puede ser un eficaz instrumento para expandir la conciencia, para encontrar claridad, paz mental y, en ese espacio, descubrir las verdades más ocultas que llevas en tu interior.