“Su historia pasada y todas sus heridas ya no están ahí en su realidad física. No permita tampoco que estén en su mente, enturbiando sus momentos presentes. Su vida es como una obra de teatro en varios actos. Algunos de los personajes que intervienen en ella tienen papeles cortos; otros, mucho más largos. Algunos son villanos; otros, buenas personas. Pero todos ellos son necesarios, ya que de lo contrario no intervendrían en la obra. Acéptelos a todos y pase al siguiente acto” (Wayne Dyer). Así sugiere este autor desprenderse del pasado, de las etiquetas y de cualquier otro indicador o creencia que constituya tu historia personal. Es decir, que hagas un “pasado pisado”. Él habla de renunciar a la historia personal.
Hay muchos clientes que vienen al despacho para cancelar sus antecedentes policiales o penales, tratando así de dejar atrás y eliminar capítulos del pasado del que abominan. Y es lógico, el pasado marca la historia personal de cada uno pero no tiene porqué determinar ni definir el futuro. Otros, en cambio, vienen al despacho arrastrando problemas por años por situaciones o conflictos familiares que se empeñan en mantener vivos. No sólo no olvidan ni perdonan, sino que reviven el pasado y mueren con el presente. Son personas que son su historia personal, que abundan siempre en el mismo conflicto con las mismas personas. Su problema no tiene una solución jurídica sino terapéutica. Más que su historia son su drama personal.
Del pasado hay que aprovechar los accidentes, las dificultades, los conflictos y las heridas pero también los aciertos, avances y éxitos que constituyen también tu bagaje personal. Lo que cuenta es lo que haces en el presente sin dejar que antiguas experiencias, personas o relaciones amenacen tu paz y tu crecimiento. Se trata de ser congruente, hoy, aquí y ahora. Lo que eras o hiciste se quedó en el pasado. Si lo que piensas, dices o haces ahora puede incomodar o soliviantar a tu entorno más inmediato, lo mejor es que sigas tu propio camino. Muchos comprenderán y respetarán tu evolución, y otros desaparecerán porque su papel habrá llegado a su fin. Son personajes que forman parte de otro acto de la obra.
Muchas personas viven totalmente identificadas con su pasado. Sin él, ya no son nada. Abundan en él, una y otra vez, tratando así de recordar quiénes son. Son todavía enfermos, viudas, extrabajadores, exparejas, maltratados y víctimas de aquellas circunstancias. El dolor es inevitable pero recurrir continuamente al sufrido pasado es opcional. Si eso te ayuda y te consuela, pues adelante, pero estás condenando con más drama tu presente. Aquellas experiencias o fatalidades marcaron tu vida en aquel momento, pero si las pasaste es porque por algún motivo, racional o no, debías vivirlas. La mayoría de personas condenadas por algún delito se identifican con su melodramático pasado. Son reincidentes.
La única manera de dejar de identificarse con el pasado es haciendo las paces con él. Conciliarse con el pasado y perdonarse uno mismo es la manera más fácil y rápida de enmendar y liberarse de las cargas del pasado. Cancelar tus antecedentes personales es la clave para tu liberación. Para cualquier reo habitual que cancela sus antecedentes es como empezar de nuevo, deshacerse de una etiqueta y volver a sentirse libre. Desde el presente, no puedes condenar a quien fuiste en el pasado porque la persona a quien juzgas y repruebas ya es otra persona.
La situación pasada, sea la que sea, no es el problema, sino que el problema es la persistente identificación que tienes con aquélla. En cuanto dejas de identificarte con esa situación, los problemas se diluyen totalmente. La solución siempre está en el presente, único instante que puedes aprovechar para purgar las impresiones del pasado. El pasado debe ser un lugar de referencia y no un lugar de residencia, porque si vives continuamente mirando al pasado, estás condenado a repetirlo.
Si estás doliéndote de tu pasado, es que estás dormido (Anthony de Mello)
Caroline Myss afirma que las personas que la mayor parte de su tiempo están enfocadas en su pasado, se identifican con sus historias negativas y adversas del pasado y, lo que es peor, dilapidan gran parte de su energía vital. Y advierte que agotada la energía, toda curación pasa irremediablemente por la curación farmacológica.
Volver recurrentemente al pasado o la negativa a desprenderse de él, está muy bien ilustrada en la historia de los dos monjes zen que dice así:
Dos monjes zen, Tanzan y Ekido, iban andando por un camino rural que estaba muy embarrado tras fuertes lluvias.
Cerca de una aldea, se encontraron con una mujer joven y hermosa que intentaba cruzar el camino, pero el barro era tan profundo que habría estropeado el kimono de seda que vestía. Inmediatamente, Tanzan la cogió en brazos y la llevó al otro lado.
Los monjes siguieron andando en silencio.
Cinco horas después, ya cerca del templo donde se iban a alojar, Ekido no pudo contenerse más:
– ¿Por qué has llevado a aquella chica al otro lado del camino? – preguntó -. Se supone que los monjes no hacemos cosas así.
– Dejé a la chica hace horas, pero tú todavía la estás llevando – respondió Tanzan