«Tener razón» o seguir a la verdad

agosto 17, 2026

La mayoría de personas que se identifican profundamente con su ego tienen una gran adicción a “tener razón”. No es la verdad lo que buscan, sino “tener razón”. Son adictos porque son capaces de retorcer la verdad, escalar el conflicto y emponzoñar los hechos con el único objetivo de “tener la razón”. A estas personas no les interesa para nada la verdad sino vencer en cualquier discusión por trivial que esta sea. No es el argumento lo que falla, sino la persistente necesidad de salir ganador e imponerse a los demás.

No quiero tener razón, lo que quiero es saber la verdad (Wayne Dyer)

El problema de esta necesidad de “tener la razón” viene determinada por otra necesidad oculta o más sutil: salvar la identidad. Estas personas que dependen tanto de “tener razón” en cualquier discusión sienten que mueren, que pierden y que peligra su valor e integridad como individuo cuando salen “perdedores” de cualquier discusión. Muchas personas buscan en los pleitos, que los jueces les reconozcan que “tienen la razón”, pero no les interesa que aflore la auténtica verdad. En fin, nada nuevo que no se venga repitiendo desde tiempos inmemoriales.

Si discute, y pelea y contradice, puede lograr a veces un triunfo; pero será un triunfo vacío, porque jamás obtendrá la buena voluntad del contrincante (Benjamin Franklin)

Durante el litigio se falta torticeramente a la verdad y se la pisotea con el único fin de “tener la razón”.  Para estas personas, la verdad triunfa cuando los argumentos le dan la razón. Y cuando entienden que pueden perder, atacan y desvirtúan la verdad con otros argumentos para ganar o para que no se la den al otro. Pero para triunfar en un litigio no basta con tener razón, sino que además tienen que dártela.

Las personas con un fuerte ego tienen una pulsión dominante de imponerse frente a los demás, de afirmar su superioridad. Su engordado ego hace de estas personas auténticos depredadores y agresores de la paz y de la verdad. En los noticiarios o en las redes sociales, cada vez se impone más el relato enlatado de los hechos y el argumento falaz con tal de imponer “la razón” con total desprecio por la verdad. Como decía, esto no es nada nuevo, aunque sí parece que va in crescendo.

La verdad es un concepto abstracto, porque es subjetiva y poliédrica. Cada uno puede tener una percepción de los hechos y de la realidad distinta, y todas ellas ser válidas y legítimas. Buena prueba de ello es el diccionario que define la verdad como “conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente” o “conformidad de lo que se dice con lo que se siente o piensa”.

Muchas personas buscan en un tribunal la “verdad”, pensando que allí se demostrará la percepción propia de su verdad. Y en los tribunales hay que aspirar a conocer la verdad probada que no tiene por qué coincidir con la verdad material. En los tribunales se imparte la justicia del derecho y de las legalidades, no la de la verdad infalible.

Como he venido diciendo en entradas anteriores, la esencia de la verdad es algo que hay que buscar adentro y no allá afuera. Encontrar cada uno su propia verdad sin tratar de imponerla para “tener razón” es la clave. Vivir de acuerdo con el grado de verdad que cada uno tiene de su existencia y de su propio valor, es la mejor manera de estar en el mundo. Las personas desconectadas de su propia verdad tratan de imponerse (“tener la razón”), a través de la fuerza, la dominación y la coerción que son el combustible de todo conflicto. En cambio, las personas que viven en armonía con su propia verdad confían en su poder y se alinean con valores como la libertad, la lealtad o la paz que son la base de la justicia suprema.

Traigo aquí una breve historia sobre “el valor de la verdad”.

-“Si aspiran a la verdad (explicaba un sabio a un grupo de buscadores que escuchaban sus enseñanzas) tendrán que pagar por ella.

-Pero, ¿Por qué debe pagarse por algo como la verdad?

-¿No han notado ustedes que la escasez de una cosa es lo que determina su valor?”

En realidad, la necesidad de “tener razón” y la verdad es una lucha entre la mente y la conciencia. A través de los pensamientos y la mente hacemos una interpretación interesada o subjetiva de la realidad y los hechos. Tenemos una perspectiva más limitada. A través de la conciencia, somos capaces de darnos cuenta de que hay muchas maneras de ver la realidad y enfocar los hechos. Tenemos aquí una perspectiva más abierta.

¿Qué prefieres “tener razón” o estar en paz?

Si eliges “tener razón” en lo que sea prepárate para la guerra, la discusión y el conflicto. Deberás defender y proteger con mucha fuerza tus impresiones mentales y tus ideas. Puede que no hay nada de malo en ello, si con ello no pierdes tu equilibrio y tu paz. Pero si de verdad quieres ganar, seguramente pagarás por ello un precio, tu sosiego y tu centro. Por supuesto, si no estás interesado en la paz, harás todo lo que sea necesario para imponerte y ganar. Al hacerlo, tendrás que gastar una cantidad elevada de energía para reforzar tu posición y salvaguardar tu ego.

¿Qué prefieres “tener razón” o crecer?

Tienes que decidirte entre “tener razón” o crecer. Cuando tengas que emplear todos tus recursos y tu tiempo para que te den la razón tu ego saldrá fortalecido o no saldrá herido. Es posible que al final sean condescendientes contigo y te den la razón para evitar una confrontación. Pero si te dan la razón por pura complacencia perderás la oportunidad de que otra persona pueda aportarte otra visión de la realidad o de ti mismo que ignorabas. La obstinación lleva al absurdo y a la ignorancia. En los resabidos que presumen de saberlo todo no hay lugar ni espacio para nada nuevo.

¿Qué prefieres “tener razón” o ser libre?

Frente a personas que siempre y en todo caso creen “tener la razón” es mejor tomar cierta distancia. Dar la opinión y argumentos propios frente a estas personas es muy saludable, siempre que se haga desde el discernimiento y no el juicio. El problema es que hay personas que cruzarán todas las líneas con tal de “tener razón” y no dudarán en señalar con el dedo y actuar con desdén si es necesario para salir vencedores. Es mejor apartarse de estos neuróticos de la última palabra para que su estulticia no socave tu centro y sosiego.

Nunca luches con un cerdo, porque ambos os ensuciaréis y a él le gustará (George Bernard Shaw)

¿Qué prefieres “tener razón” o ser feliz?

Si prefieres “tener razón” a estar en paz o a crecer será difícil que seas dichoso o feliz. La persistente necesidad de “tener razón” siempre va acompañada del deseo que el otro esté equivocado y aparezca como el vencido. Es difícil hallar un estado de bienestar en un entorno de continua hostilidad, y el conflicto permanente afecta a tu capacidad para atraer aquello que deseas. La mayoría de las disputas domésticas vienen propiciadas por frívolas discusiones sobre nimiedades que escalan hasta arduos enfrentamientos que terminan en drama. Y el deseo recurrente de “tener razón” es inherente al miedo a que se ataquen las propias ideas, los valores y las creencias.

La confianza en uno mismo no se refuerza imponiendo tus opiniones y tu verdad a los demás, sino que es en el momento en que te desprendes de la necesidad de “tener razón” y someter a los demás, cuando tu confianza se fortalece.

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